lunes, 25 de enero de 2010

Zumba

¡Zumba!
Déjame que te cuente…
Por Sergio M. Trejo González.

Alberto Jiménez Rufino, un hombre de pueblo. De canosos cabellos, estatura mediana, brazos fuertes, como los de toda persona de trabajo rudo; curtido por el sol y por el aguardiente que durante años había ingerido. Su expresión fue siempre rebosante de alegría, espontánea, vivaz… la imagen del veracruzano legitimo. Un gozador de tiempo completo, que nos alegraba mientras ofrecía jugos de naranja, con la peculiaridad que bajo el mostrador de su estanquillo guardaba, a buen recaudo, una reserva de aguardiente, pa´ lo que pudiera ofrecerse, proponiendo su néctar con simpatía: “Vas a querer o no vas a querer”.
Para muchos lectores contemporáneos este nombre de “Beto” Jimenez resultará desconocido. No para los vecinos del barrio “El Tamarindo” ni para las generaciones de jóvenes que lo vimos en “Barrionuevo”; donde estaba, en los años 70s, como trozo de la fachada de aquella “Escuela Secundaria Federal Acayucan”. Era como parte del inventario de tal plantel, frente a la institución que ocupa una manzana de terreno, por la salida a Sayula.
Saludaba a diestra y siniestra. Le ponía apodo a cualquiera. Sus motes eran celebres pero impronunciables muchos, como el sobre nombre que se le ocurrió respecto a los apellidos del respetable director de tal sementera educativa: Alfredo Vega Labra.
A todo mundo bautizaba y todo mundo, también, le llamaba por su alias: Zumba.
A Zumba, lo mirábamos en como pieza de escenografía urbana, en su esquina de Comonfort y Riva Palacio, resultando un espectáculo jocoso observar como infinidad de transportistas prácticamente se reportaban ahí, como si checaran tarjeta. Todos los choferes, de vehículos diversos, tenían que ver con él. Si este señor hubiera cobrado por responder el saludo de los camioneros, de los catedráticos o de los secundarianos, y el de los alumnos de la Escuela Benito Barriovero, habría terminado sus días en la riqueza.
Caminaba por la ciudad desbordado en gracia y popularidad, Sus paseos por las calles semejaban un postulante en campaña o en un papaqui. Era un Rey sin corona, el momo sin carnaval, el candidato sin partido. Su regocijo no precisaba de fiesta. la celebración brotaba por sus ojos y por sus labios. Su folklore se derramaba en toda su riqueza durante las fiestas de San Martín, animando esa tradición disfrazado de “Arriero” para rescatar la costumbre… solo de recordarlo en esas lides me produce sonrisa. Refieren aun por ahí, que les daba una corrediza a la conocida Tía Mica, a Doña Carmen Patraca, por la calle Mina y por la Negrete; a la Señora Regina Garduza y a sus hermanas, por la Miguel Alemán y, por los tinacos del panteón, corría tras nuestra respetada amiga Teresa López y ,así, perseguía a otras vecinas de ese sector; con esa indumentaria de manga de hule y máscara de madera fabricada en Soconusco, sin faltar una buena correa que Zumbaba en las posaderas de quienes lograba alcanzar.
Como quien sin protocolo alguno se identifica, se compara e iguala, con el pueblo, todos lo llamaban Zumba. Porque a todos de igual manera se dirigía con tal frase, que era su preferida. Fue su grito de batalla. La que lo hizo popular. “Zumba” era un saludo, su invitación. Una especie de ¡aliviánate! para sacudir la modorra, era una catarsis que nos despabilaba. Como esa expresión se movía “Beto” alrededor de su puesto. Le agregaba pa variar, pa´dar énfasis, un concepto enemigo: “Zumba Satanás”.
¿Qué es Zumba?
Si fuera experto de las letras definiría tal palabra, como una pronunciación en tono exclamativo, que expresa por sí sola un estado, impresión, aviso u orden. Ignoro si se trata de una interjección o de una onomatopeya, aunque me suena a una combinación de ambas, una adaptación fonética de ruido y acción con una función lingüística muy sui generis, sintomática, psíquica, inaudita.
Zumba, pudiera ser ánimo, consuelo o cadencia.
En alguna parte del mundo existen grupos, catervas, corrientes que ejecutan música a la que llaman así: Zumba. Se dice que es terapia para aquellos que buscan olvidar sus preocupaciones y dejarse llevar por la mezcla de ritmos afro-americanos, latinos y del medio oriente, audazmente entrelazados en una rutina de ejercicios aeróbicos. ''Zumba, explica Alberto Pérez en un pagina de Internet, es una técnica de ejercicio cardiovascular de bajo impacto que combina bailes de todas partes del mundo incluyendo la famosa danza del vientre'', el creador de Zumba y a quien todos conocen como “Beto” ¡Vaya coincidencia! un tocayo sudamericano de nuestro Zumba, es un coreógrafo y bailarín colombiano que ha orquestado algunos de los seductores movimientos para que zumbe su compatriota Shakira. ZUMBA, nos indica el diccionario guanaco de la lengua salvatrucha, en su edición de luxe, comparado con la información localizada en “HablandoPaja”.com, significa “Tomar guaro en exceso o algún otro brebaje embriagante durante varios días. Esta actividad produce un shock etílico, cambio de personalidad, delirium tremens, visiones del cachudo o de la Ciguanaba, y cuando pasa la zumba se borra todo el cassette. Sinónimos: Agarrar avión, Papalina, Zurundanga, Gran Talega”.
Zumba, siempre lo considere un saludo democrático de Alberto Jiménez Rufino, múltiple o plural, que se podía transformar de lo guasón y chocarrero a lo irónico y corrosivo. A Zumba mejor no testerearlo, ni moverle, porque le valía madre la circunstancia social o política del interlocutor. Resultaba más peligroso todavía batirse con Zumba, en un alegato o discusión, cuando andaba bajo los efectos del guarapo, no respetaba condición o espacio para decirle a cualquiera: “Ahí estas como chota vieja”.
Sus labores, en aquella esquina, comenzaban con el alba y terminaban a media tarde. Decía de quienes inexplicablemente se hacían millonarios de la noche a la mañana: “quien sabe como le hacen, porque yo trabajo todo el tiempo, desde la madrugada hasta la noche, todos los pinches días, y no tengo ni madres”.
Quizá porque fue cierto o quizá porque recordar con bondad es a veces exagerar, pero se cuenta que no había juguero más hábil que este hombre. Lo observé alguna vez haciendo malabares para extraer el líquido de sus frutos. Nadie más rápido ni mejor que él para levantar costales de muchos kilos y manipularlos como si se tratara del cuerpo delicado de una princesa como las que a menudo describía en sus charlas con el lenguaje más tosco. Zumba era un hombre franco, explosivo, inesperado. A veces de comportamiento antiinstitucional, nos causaba alegría escuchar sus anécdotas pero también resquebrajaba nuestra sensibilidad con su despecho, burla y su escepticismo hacia la vida. Así era su vida… un corredor con emociones que llevaba de la risa al llanto. Alberto Jiménez Rufino también derramaba lágrimas. Lo miré llorar como los hombres que tienen corazón. Con igual polución y sentimiento lo escuche cantar, desde el fondo de su alma, acompañado por Antonio Zavaleta Lara: “Por vivir en quinto patio desprecias mis besos...”
En ese renglón trovador, rumbero y sonero, se revelan las esencias genéticas del Beto, desarrolladas creativamente, amplificadas, multiplicadas, en el mas sentido autentico de la inspiración y la calidad, cuando menos en dos de sus descendientes: Cesar y Mario, sus nietos, quienes en su etapa de evolución artistical nos hacen disfrutar su talento con intensa sensiblería, ejecutando chingonamente la guitarra, la jarana, la quijada, el pandero y las percusiones. Cesar augusto con sus choros y Mario Alberto con sus décimas, exponen su talento en chambas y chiripas llanas, campechanas y naturales, lo mismo en el parque que en las escuelas, en taburetes o sobre alguna tarima. En el rancho, en el barrio o en el antro, llevan y traen la zumbadera por dentro; desgranando sus acordes, proyectan su imagen nómada y merodeadora, de cronistas reflexivos en asuntos tradicionales y del amor en todos sus matices. Sus presentaciones generan pautas de que la sencillez y la altura no son cualidades contrarias en este deteriorado mundo. Diría Genaro Patraka , a propósito de estos músicos: “Actualmente rolan versando en banquetas, callejones, peñas, foros vacíos, estadios llenos de gradas y plateas; a grito neurótico pa’ sus carnales u orejas cómplices nomás por el puro placer enfermo de ser”. Iguales que el Zumba, en sus parlamentos que no requieren un guión. Miren que a Don Alberto le zumbaba la periquera, porque aseguraba que esos calladitos y mustios no son mas que hipócritas. Zumba, don Alberto, era una mezcla de humor y desengaño en conjunción con la picardía, propiciada por los extremos de la condición social que tienen lugar en nuestra sociedad. Lo conocí del lado recalcitrante, al estilo de Jesús Pérez Gaona con aquello… “¿Qué favor le debo al sol por haberme calentado, si de niño fui a la escuela, si de grande fui soldado, si de casado cabrón y de muerto condenado, qué favor le debo al sol por haberme calentado?"
No pretendo, no, definir aquí ni en otra parte a Zumba el ser humano, ni explicarlo filosóficamente, solo intento reflejar esa imagen inolvidable del amigo cotidiano que en cualquier espacio se ganaba la vida honradamente, ese resulta suficiente mérito para obtener el respeto general; además resulta exquisito comprender su manera natural de relación y trato con todo mundo. Esto no tiene tanto que ver con la verdad y con el universo, simplemente es el hombre y la percepción de sí mismo. Debíamos así también comprender mejor a los que ni con esfuerzo logran rebasar la barrera de convencionalismos. Obtener éxito viene siendo cada día un lujo que solo alcanzan miembros de las mafias sindicales y los dinastías políticas. Cada vez resulta más evidente que quien no tranza no avanza, que para conseguir dinero primero hay que despojarse de la conciencia, para obtener oportunidades hay que aceptar condiciones indignas, proposiciones indecorosas, agachar la cabeza. Zumba, en sus limitaciones académicas comentaba su éxito por encima de muchos profesionistas, diciendo: “están más jodidos que yo”, “Mira al hijo de fulanito es un pendejo pero tiene su buena plaza, gracias a las palancas de su padre o a las relaciones de madre”. Así distinguía el Zumba nuestro desarrollo social y expresaba su mofa ante los improvisados o advenedizos que provocan el rezago o el rechazo de los genuinos valores, provocando el naufragio de la inteligencia y el desperdicio de capacidades.
Tenía su domicilio en la calle de Independencia esquina Dolores, compañero de la señora Santa Lara, y padre de una docena de cabrones: Abel, Santos, Germán, Maria, Pedro, Reyna, Paula, Minerva, Alberta, Dionisio, Josafat, Teresa, Laura, mas los etcéteras… Jovita, Basilia… Maria Elena. Cada uno de ellos es otra historia… Pocas veces lo decía pero Zumba sentíase orgulloso de sus hijos. Pensando en dos de ellos (“El Católico” y Pedro) una mañana de aquellas lo vi “quebrarse” cuando un condiscípulo mío le decía que no completaba para los zapatos y tenía que desfilar. Zumba, generosamente, le dio para que comprara su calzado, diciendo: “Mis hijos han de andar igual de necesitados allá por Xalapa, y no ha de faltar quien los ayude”. Alburero de a madre cuidaba a sus hijas en su estilo, a cuanto imprudente se las chuleaba, le ponía a escoger ¿cual prefieres, la de quince o la de veinte?
Ese era Zumba… mi protagonista de estas líneas, nacido un 8 de abril de 1923…hasta que Nuestro señor lo jubilo, llevándoselo a descansar un soleado 15 de junio del año de 1992. Estuve cerca, de sus exequias, vi las miradas que lo despidieron. Recuerdo ese recorrido prolongado donde se trasladó su féretro hasta el modesto “changarro” de jugos colocado, para entonces, en la acera de enfrente de su lugar de origen. Depositaron un breve momento sus restos sobre el puesto de jugos, le tomaron fotos, lo llevamos al cementerio, le dijimos adiós.
Me debía, tiempo ha, esta oportunidad de significar la vida de este Hombre que conocí cuando chamaco. Paradójicamente ninguno de sus hijos ha demostrado vocación por la venta de cítricos, sin embargo el destino ineluctable ha dado lugar a que un yerno de Zumba de nombre Juan Pablo Quintana Mercado, un chilango serio, cuya personalidad contrasta con el humor de Don Beto, decidió establecerse en esta ciudad, sin necesidad de tomar agua de Temoyo, y determinó crear un expendio de Jugos y licuados nutricionales. Granola, yogur, polen, amaranto… Frutas, verduras y demás hierbas, que en ese “laboratorio de formulas exóticas” se transforman en preparados con denominaciones rimbombantes: “bombas”, “vampiros” y “varices”. Lo interesante es que su negocio, de alguna manera significa el rescate de la memoria de Zumba, pues el sujeto de marras ha dado vida a una boutique de néctares, con el sobrenombre de Alberto Jiménez Rufino, la negociación ubicada en la calle Antonio plaza 507, se denomina precisamente: Jugos Zumba, con un mural grafiteado en el interior con el rostro de Beto… asi es la vida!...hoy Alberto Jiménez Rufino se encuentra plasmado en la pared de una juguería que lleva su seudónimo… Parece que observara al hijo predilecto de Tepito con esos extractores tecnificados, preparando sus energéticos, nada que ver con ese artefacto casi artesanal que en su tiempo utilizó Zumba para satisfacer el paladar de quienes, en busca de saciar la sed, recordamos nostálgicamente a Don Alberto Jiménez Rufino.

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