jueves, 21 de enero de 2010

diciembre 2006

Diciembre 2006.

Déjame que te cuente…
Por Sergio M. Trejo González.

Se va otro diciembre…casi se termina…estamos en el umbral del año nuevo… solo falta un par de días de este 2006 y, la iluminación no llega… no chapisco idea para una “calumnia” invernal muy a la altura de los lectores de Diario de Acayucan… las musas me abandonaron… veleidosas, volubles, volátiles. No entiendo como pueden ellas a mi que soy adicto a la quimera…que traigo la sensibilidad a flor de piel…abandonarme cuando mas las necesito… ante la histeria y el encanto de toda esa gama de imágenes que esta época del año acarrea … cuando el espíritu navideño introduce, permea.. Se mete en todas partes… recuerdo con nostalgia aquellos tiempos, cuando todas nuestras calles no eran mas que puro camino de tierra…cuando todo este caserío era finca de café. Justo frente a la cancha de cruz verde… allí, bajo dos arboletes de mango… en ese huerto escuchaba a don Pedrito, un cieguito, tocaba el arpa y la guitarra. En ese patio supe que las vihuelas no se afinan, se inspiran con el puro fulgor de la pasión… con ese entusiasmo pintábamos nuestra casa de barro… ahí en la bajadita de la Guillermo Prieto, la casa marcada con el numero 24. Con unas brochas de confección casera, de ixtle decían, eran unas escobillas que fabricábamos de riata, mecate grueso, que despeinábamos. Quedaba la mitad de la pintura, de bolsa, manchando el suelo. Había que reforzar ese tinte con cemento para que no se despintara muy rápido… rebajada con agua la aplicábamos a las paredes, salpicándonos todo el cuerpo; se nos pelaban las manos… pero también nuestro corazón se desnudaba a la ternura que “la navidá” nos traía… ¡así es la vida!… en ocasiones se pinta de colores… en circunstancias se borran los paisajes…el panorama es gris y taciturno…hoy no puedo escribir… me falta fuerza.. pero intento una referencia para mis destinatarios ilustres, desertores o trasnochados… y por esas prófugas del metate que se han declarado abiertamente lectoras de estos intentos de periodismo llano, que democráticamente anoto sin mucha idea de los infinitivos, participios o gerundios… garabatos que se me ocurren trastocando sujetos y predicados, sustantivos y adjetivos, sufijos y prefijos, verbos y adverbios…ya no se diga cuando mis circunloquios sin concordancia se emiten con mas indignación que idea… con muy escaso eufemismo… con la cursilería que me transporta… por eso he señalado que estas entregas no llevan intención de robar el interés de los intelectuales. No son para la prosapia de los doctores legos… esto es para la orla de la colonia, las garnacheras y los albañiles de media cuchara, de los curanderos o mis comadres, de mis colegas, los chotos, los chocos y los cholos… solo deseo conversar públicamente con mis amigos, los que comparten esta vena de reflexión callejera en el estilo de quienes aprendimos las primeras letras leyendo historietas de Memín Pinguín y Lagrimas y Risas…pasando luego por la ¡Alarma!.. así aprendí a “juntar las letras” que en la escuelita particular de doña Jacinta intentaron enseñarme con el silabario de San Miguel, pero “no se podía”… ahí aprendí que la palabra impresa servia como extensión de la memoria… Por eso me resulta necesario e inevitable apuntar, cuando la inspiración me embriaga, aquellos inolvidables aromas frescos del Acayucan añejo que en tiempos de cierzo invernal se acompañaba con mistela de nanche o esa bebida calientita con olor a caña y tejocote, custodiada con música de jarana. Vecindario de alegre infancia, de aguinaldos obtenidos, con la rama o el portalito… cantando con panderetas artesanales - sonajas de corcholatas aplastadas-.Acayucan, aldea linda de mojiganga y pandorga… eres el pretexto perfecto para decir: Gracias.
Se termina un año más… partiéndome la madre. Ahora no tengo tiempo, ni ganas, ni humor… Tal vez como Cesar Vallejo, mi poeta de hábitos solitarios, austeros y alma profunda, pudiera explicarme la aridez de mi paisaje invernal…
No se me ocurre nada más que significar…como mensaje de fin de año…a la manera de José Alfredo Jiménez…como puedo pagar que me quieran a mí, con todos mis desmadres…. Si no fuera por esos aventureros de la vida que sin rumbo se detienen para revisar estos garfios que les hacen recordar no pasaría de un cuentero de barrio…¡Hoy no puedo escribir, no se puede escribir!... mi hermano Alfonso, está internado en Veracruz, delicado, muy delicado y… mejor ahí la dejo.

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