Déjame que te cuente…
Por Sergio M. Trejo González.
Acayucan, es una ciudad ubicada en el sureste de la República Méxicana. Situada estratégicamente en una región en donde confluyen grandes comunidades, haciendo de tal urbe un gran centro comercial. Por esta razón, Acayucan, es considerada "La llave del Sureste".
En este pueblo, que sabe sufrir y cantar, como todos los pueblos del estado de Veracruz, se le ocurrió a mis padres que debía yo nacer y en consecuencia vine a quedar refugiado en estos palmares bajo el cielo de mi tierra, de mi tierra tropical… aquí nací hace ya bastante rato y crecí, de igual manera, entre los pleitos y los mandados, sacando agua de pozo para llenar un par de tambos de doscientos litros o barriendo el patio, de regular superficie, con mis hermanos, que no se dejaban ganar el reparto de la talacha domestica. A regañadientes acudí a la escuela para que no tuviera que andar cargando bultos en el mercado, me decían. Ahí fue, precisamente en los espacios de una escuelita particular, sito en la calles de la Peña y Carvajal, donde escuché las primeros chismes y novelas… aquí pues, en Acayucan, se me ocurrió también, comenzar a escribir mis ocurrencias.
Déjame que te cuente… Es el título de una columna que se me ocurrió, hace años, para publicar en los periódicos y revistas algunos pensamientos, choros, narraciones, relatos, ficciones e ideas; Como se le quiera llamar a esa práctica cotidiana que suele tener desarrollo y ejercicio en la vida diaria. Con algunos consejos inofensivos para que nuestros amigos y vecinos tengan a la mano el vademécum, pronto y expedito, a la ocasión o la circunstancia. Aprovechando los espacios y oportunidad ofrecida por quienes detentan los medios de comunicación Déjame que te cuente…es un pequeño manual, publicado en fascículos, de 2 o 3 cuartillas, de aproximadamente 1,800 caracteres, que aparecen cuando dios quiere mandarme a las musas de la inspiración, con sus consejos teóricos, pero muy prácticos, sobre diversos remedios para aliviar vicisitudes y mortificaciones… ese es el objeto, que sirvan de apoyo a quienes transitan en condiciones oscuras en algunos avatares. No tiene la columna precio alguno ni los editores otorgan emolumento por tal labor, más bien tengo que rogar y agradecer la deferencia de salir en sus páginas, pues hasta sus moños se ponen algunos consocios… por el celo de espacio y porque sus “clientes” difieren y se incomodan de mis modestos e imparciales juicios… nos gusta hacer pero que nadie nos diga. Buscando flores se encuentran las raíces, buscando voces encontramos gritos, buscando silencio puede surgir el clamor del verbo produciendo oraciones o versos… Las palabras que inventan el mundo construyen utopías y paraísos, infiernos y pesadillas.
Déjame que te cuente … es la manera coloquial más utilizada de iniciar un relato, con tal expresión cualquier persona suele comenzar a platicar, pues de manera intrínseca en cada ser humano existe un reportero o al menos un cronista que de manera natural brota con solamente con frotarlo y soltarle cuerda, de tal manera que todos de alguna forma resultamos afectos a relatar los que nos viene sucediendo en el peregrinaje existencial, o lo que nos platican, o lo que nos imaginamos que acontece alrededor… llegamos a la casa o al corredor del barrio a decir: Déjame que te cuente… lo que pasó frentito a mis narices o , casi me toca a mí. Obvio que le ponemos cantidadcita nomas de nuestra cosecha… para darle énfasis.
Así, del embuste y la anécdota, cualquiera de nosotros pudiera resultar un periodista o, porque no un escritor connotado que, en sus ciernes puede comenzar anotando entre garabatos impresionistas y figuras literarias, singulares puntos de vista respecto a las novelas verídicas rutinarias.
Déjame que te cuente… comenzó como un cartapacio de crónicas, pasó por opiniones políticas y reflexiones filosóficas hasta llegar a escasa calidad de un obituario… en un intento por significar un recuento de la textura y la huella de la vida de alguien que ha muerto. Aclarando que tal ejercicio muchas veces resulta espontaneo y otras ocasiones obedece a la distinción que me hacen algunos buenos amigos , para que tal vena respetuosa acompañe a muchos dolientes que en la limitación para redactar un texto en tales tribulaciones, expían algún sentimiento en lo redactado por quien guarda en esos archivos de la memoria, lo notable de ciertos individuos que compartieron espacio y tiempo de vida, lo cual permite con una piscacha de sensibilidad, emitir pautas, bien fundadas - y motivadas – que aparecen cuando llega la ocasión.
Por supuesto no es posible establecer las fechas y los lugares donde esta columna se encuentra sembrada. Antes de la computación, sin archivos adecuados, hacia jeroglíficos que me traducían los capturistas y, por ahí, se perdieron; empero trato de recoger los que a mi criterio , mejor ejemplifican la idiosincrasia o cultura con que se esbozan… hechos de interés próximo convertidos en crónicas cuenteadas o cuentos cronicados, obtenidos bajo los tendederos o la sombra del árbol. Recordando que escribir, ciertamente, sirve para fantasear o inventar; pero también es importante pintar las notas y los reflejos de la situación real en donde se vive.
Por Sergio M. Trejo González.
Acayucan, es una ciudad ubicada en el sureste de la República Méxicana. Situada estratégicamente en una región en donde confluyen grandes comunidades, haciendo de tal urbe un gran centro comercial. Por esta razón, Acayucan, es considerada "La llave del Sureste".
En este pueblo, que sabe sufrir y cantar, como todos los pueblos del estado de Veracruz, se le ocurrió a mis padres que debía yo nacer y en consecuencia vine a quedar refugiado en estos palmares bajo el cielo de mi tierra, de mi tierra tropical… aquí nací hace ya bastante rato y crecí, de igual manera, entre los pleitos y los mandados, sacando agua de pozo para llenar un par de tambos de doscientos litros o barriendo el patio, de regular superficie, con mis hermanos, que no se dejaban ganar el reparto de la talacha domestica. A regañadientes acudí a la escuela para que no tuviera que andar cargando bultos en el mercado, me decían. Ahí fue, precisamente en los espacios de una escuelita particular, sito en la calles de la Peña y Carvajal, donde escuché las primeros chismes y novelas… aquí pues, en Acayucan, se me ocurrió también, comenzar a escribir mis ocurrencias.
Déjame que te cuente… Es el título de una columna que se me ocurrió, hace años, para publicar en los periódicos y revistas algunos pensamientos, choros, narraciones, relatos, ficciones e ideas; Como se le quiera llamar a esa práctica cotidiana que suele tener desarrollo y ejercicio en la vida diaria. Con algunos consejos inofensivos para que nuestros amigos y vecinos tengan a la mano el vademécum, pronto y expedito, a la ocasión o la circunstancia. Aprovechando los espacios y oportunidad ofrecida por quienes detentan los medios de comunicación Déjame que te cuente…es un pequeño manual, publicado en fascículos, de 2 o 3 cuartillas, de aproximadamente 1,800 caracteres, que aparecen cuando dios quiere mandarme a las musas de la inspiración, con sus consejos teóricos, pero muy prácticos, sobre diversos remedios para aliviar vicisitudes y mortificaciones… ese es el objeto, que sirvan de apoyo a quienes transitan en condiciones oscuras en algunos avatares. No tiene la columna precio alguno ni los editores otorgan emolumento por tal labor, más bien tengo que rogar y agradecer la deferencia de salir en sus páginas, pues hasta sus moños se ponen algunos consocios… por el celo de espacio y porque sus “clientes” difieren y se incomodan de mis modestos e imparciales juicios… nos gusta hacer pero que nadie nos diga. Buscando flores se encuentran las raíces, buscando voces encontramos gritos, buscando silencio puede surgir el clamor del verbo produciendo oraciones o versos… Las palabras que inventan el mundo construyen utopías y paraísos, infiernos y pesadillas.
Déjame que te cuente … es la manera coloquial más utilizada de iniciar un relato, con tal expresión cualquier persona suele comenzar a platicar, pues de manera intrínseca en cada ser humano existe un reportero o al menos un cronista que de manera natural brota con solamente con frotarlo y soltarle cuerda, de tal manera que todos de alguna forma resultamos afectos a relatar los que nos viene sucediendo en el peregrinaje existencial, o lo que nos platican, o lo que nos imaginamos que acontece alrededor… llegamos a la casa o al corredor del barrio a decir: Déjame que te cuente… lo que pasó frentito a mis narices o , casi me toca a mí. Obvio que le ponemos cantidadcita nomas de nuestra cosecha… para darle énfasis.
Así, del embuste y la anécdota, cualquiera de nosotros pudiera resultar un periodista o, porque no un escritor connotado que, en sus ciernes puede comenzar anotando entre garabatos impresionistas y figuras literarias, singulares puntos de vista respecto a las novelas verídicas rutinarias.
Déjame que te cuente… comenzó como un cartapacio de crónicas, pasó por opiniones políticas y reflexiones filosóficas hasta llegar a escasa calidad de un obituario… en un intento por significar un recuento de la textura y la huella de la vida de alguien que ha muerto. Aclarando que tal ejercicio muchas veces resulta espontaneo y otras ocasiones obedece a la distinción que me hacen algunos buenos amigos , para que tal vena respetuosa acompañe a muchos dolientes que en la limitación para redactar un texto en tales tribulaciones, expían algún sentimiento en lo redactado por quien guarda en esos archivos de la memoria, lo notable de ciertos individuos que compartieron espacio y tiempo de vida, lo cual permite con una piscacha de sensibilidad, emitir pautas, bien fundadas - y motivadas – que aparecen cuando llega la ocasión.
Por supuesto no es posible establecer las fechas y los lugares donde esta columna se encuentra sembrada. Antes de la computación, sin archivos adecuados, hacia jeroglíficos que me traducían los capturistas y, por ahí, se perdieron; empero trato de recoger los que a mi criterio , mejor ejemplifican la idiosincrasia o cultura con que se esbozan… hechos de interés próximo convertidos en crónicas cuenteadas o cuentos cronicados, obtenidos bajo los tendederos o la sombra del árbol. Recordando que escribir, ciertamente, sirve para fantasear o inventar; pero también es importante pintar las notas y los reflejos de la situación real en donde se vive.
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